Ustedes me dirán que soy exagerado, que las fotos están trucadas, que nada me cae bien. Esto es Córdoba, pasados diez años del nuevo milenio: calles intransitables por los pozos y baches, ríos en los barrios por falta de desagues, mugre y suciedad por donde se mire, oscuridad ante la fala de luminarias. Es tal la decadencia de la ciudad a nivel de servicio municipal, que uno no hace más que dolerse y añorar. Con un presupuesto prácticamente cero para obra pública, una de las principales urbes del país no tiene tiempo para pensarse hacia el futuro. ¿Y qué dicen (o hacen) los dirigentes responsables? Patética Docta, patética.
Si hubiese un ranking que midiera el porcentaje de sospechosos en materia penal, Argentina estaría en los primeros lugares. Mal que les pese a muchos, somos inocentes hasta que no se demuestre lo contrario. En este caso, la sospecha recae sobre un hombre-político lenguaraz, excéntrico y luchador incansable, según él mismo pregona, de la corrupción que nos azota. Ahora bien, según el artículo del diario Página/12, este señor tendría (dicho en potencial, como se debe) algunos milloncitos depositados en paraísos fiscales. De comprobarse judicialmente, habría mentido su declaración jurada de bienes hecha pública tiempo atrás. Habrá que esperar unos meses para comprobar si la información es veraz o falsa. En tanto, muchos mortales argentinos seguirán ganando muchísimo menos, soñando con paraísos reales que les ayude a sobrevivir cada día del mes.
La tragedia sale a la luz cada vez que el Estado, ese enorme tiburón burocrático al que sostenemos con nuestros magros salarios, mira en la dirección contraria a las urgencias de la gente. Y, en la medida en que su inoperancia no nos toca de cerca, nosotros (los ciudadanos)también nos desentendemos. Como si fuese una bala mortal que ni siquiera nos roza. El fallecimiento del turista por falta de atención revela que la vida en Córdoba vale poco y nada, y que, de haberse puesto un poquito de voluntad, se hubiese podido evitar. No le exijamos sensibilidad al sector privado que siempre privilegia su costado económico. Sí lo hagamos con los gobiernos de turno que, como en este caso, terminaron trasladando a empleados del Hospital Misericordia por denunciar la grave situación, en lugar de tener camas disponibles para socorrerlo. El hilo maldito siempre se corta por lo más delgado, con funcionarios que siguen en sus puestos sin que se les mueva un pelo.
He vuelto a escribir y no es casual. Cada vez que un sentimiento fuerte hiere mi corazón, los demonios interiores despiertan a la imaginación y no queda más remedio que sustraerme a los bellos infiernos de la narrativa.
Después de la muerte de mi hermano Miguel, un ser al que amé profundamente (y al que extraño aún más), comencé a exorcizarlos frente a una hoja en blanco de la computadora. Han salido poemas, cuentos y relatos de los más variados. Espero poder publicar algo durante el 2010.
Les dejo uno que escribí sobre fútbol: es el último partido que vio él antes de fallecer.
Sosiego en la red
Su despedida merecía una final a lo grande, donde la belleza del juego se une, extrañamente, al crepúsculo de una vida apasionada. Donde no hay lugar para las miserias que sólo ver rodar una pelota amortiguada en un pie (cual un pez recostado a la mar). Donde el fragor de las tribunas corea un tributo al amor desenfrenado por vivir, de acallar las voces que mutilan las flores del disfrute futbolero. Donde el vuelo del arquero es una estrella que surca el cielo rutilante entre palo y travesaño. Donde un cruce del líbero es el esfuerzo por apropiarse de lo que parece ilusorio. Donde la cintura del wing baila su zigzag hiriendo a su decrépito marcador; de la blasfemia del nueve que dispara su tiro a quemarropa a contrapelo del Juicio Final. Donde el gol es resumen de un camino que valió la pena compartir con los demás, lugar que su corazón ya fatigado eligió para reposar definitivamente en las redes.
Barcelona y Manchester United disputaron la final de la Liga de Campeones en un día gris de mayo. Tan opaco, que el sol dispuso de un réquiem para dar paso a las primeras gotas de dolor, presintiendo que el alma de un ser hermoso se apagaba a miles de kilómetros de Roma.Su agonía digna, valiente, acorralada por la finitud, le dio la oportunidad de acomodarse en su cama para deleite de sus ojos que, como epílogo, verán rodar una pelota de fútbol. Su mirada débil se esfuerza en el regodeo; palpita su cuerpo roído como el durazno otoñal; sus labios sólo disparan tenues melodías; su corazón, abrumado por el cansancio de permanecer, es un bosque escarchado en invierno.
Descubre a su hermano sentado a su alrededor y le imparte una sonrisa de verano.
Así, de a trancos, va resumiendo las estaciones de una vida plena.
El prestigioso club catalán ha ganado absolutamente todo. La luciérnaga reposasus últimas luces por todos los rincones de la casa.
Jamás olvidaré ese ruido espantoso, como un murmullo del infierno, que empezó a sonar mientras mi cama y los demás muebles de la pieza se sacudían grotescamente. Aquél amanecer, desperté (o me despertaron) a una experiencia horrible: se movía el mundo, incluso Villa Dolores mi ciudad natal. Fue en noviembre de 1977, cuando la ciudad sanjuanina de Caucete quedó aplastada por un terremoto. Cada vez que ocurre una tragedia como la que acaba de vivir Chile, retomo esa triste experiencia y vuelvo a sentir el silbido colérico de la naturaleza, ese ruido...
Los trabajadores de la querida LV2 han decidido tomar la planta de calle 27 de Abril, en demanda de haberes atrasados. Lo increíble, es que no saben a quién reclamar. Esperemos que los dueños fantasmas den la cara (¿Electroingeniería?) y les paguen a los colegas. En medio de todo el conflicto, hay familias y laburos que no pueden esperar.
Esto es así de fácil: viene una empresa privada, gana una concesión y se instala en algún lugar de la Provincia prometiendo trabajo e inversión. Córdoba le ofrece todas las garantías de que será muy rentable, exigiéndole, a cambio, que cumpla con lo firmado en el contrato. Pasa el tiempo: la empresa se llena de plata, llora por un aumento en la tarifa, no hace las obras que el Estado debe controlar y, vencido el plazo, se va reclamando indemnización con la amenaza de hacernos un juicio. Finalmente, el gobierno accede a la demanda y todos los cordobeses, que hemos sostenido sus utilidades de nuestro bolsillo, debemos pagarle aún más en concepto de no sé que carajos. La misma y terrible historia de siempre: vivos privados que ganan millones sin invertir con el guiño cómplice de los gobiernos. Si me creen paranoico, lean lo siguiente.
Nací en Villa Dolores, tengo dos hijas, Florencia y Agustina, Trabajo en subdirección de Letras en la Biblioteca Córdoba (Cultura de la Provincia). Escribí una novela "La estrategia de los azahares" y un libro de cuentos "Siete pecados dolorenses".